lunes, 2 de enero de 2012

27

"Pola es muy hermosa, lo sé por los ojos con que miraba Horacio cuando volvía de estar con ella, volvía como un fósforo cuando se lo prende y le crece de golpe todo el pelo, a penas dura un segundo pero es maravilloso, una especie de chirrido, un olor a fósforo muy fuerte y esa llama enorme después se estropea. El volvía así porque Pola lo llenaba de hermosura. Yo se lo decía, Ossip, y era justo que se lo dijera. Ya estabamos un poco lejos aunque nos seguiamos queriendo todavía. Esas cosas no suceden de golpe, Pola fue viniendo como el sol en la ventana, yo siempre tengo que pensar cosas así para saber que estoy diciendo la verdad. Entraba de a poco, quitándome la sombra, y Horacio se iba quemando como en la cubierta del barco, se tostaba y era tan feliz..."


"-Pero usted dijo que no la conocía.
-Estaba en Horacio, estúpido. Estúpido, estúpido Ossip. Pobre Ossip, tan estúpido. En su canadiense, en la piel del cuello, usted ha visto que Horacio tiene una piel en el cuello de la candadiense. Y Pola estaba ahí cuand él entraba, y en su manera de mirar, y cuando Horacio se desnudaba ahí, en ese rincon, y se bañaba parado en esa cubeta ¿la ve, Ossip? entonces de su piel iba saliendo Pola, yo la veía como un ectoplasma y me aguantaba las ganas de llorar pensando que en casa de Pola yo no estaría así, nunca Pola me sospecharía en el pelo o en los ojos o en el vello de Horacio. No sé porque, al fin y al cabo nos hemos querido bien. No sé por qué. Porque no sé pensar y él me desprecia, por esas cosas.



Rayuela.







Estas equivocado, Oliveira si vive en los días de hoy y él te trajo hasta mi.

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