"-Pero usted dijo que no la conocía.
-Estaba en Horacio, estúpido. Estúpido, estúpido Ossip. Pobre Ossip, tan estúpido. En su canadiense, en la piel del cuello, usted ha visto que Horacio tiene una piel en el cuello de la candadiense. Y Pola estaba ahí cuand él entraba, y en su manera de mirar, y cuando Horacio se desnudaba ahí, en ese rincon, y se bañaba parado en esa cubeta ¿la ve, Ossip? entonces de su piel iba saliendo Pola, yo la veía como un ectoplasma y me aguantaba las ganas de llorar pensando que en casa de Pola yo no estaría así, nunca Pola me sospecharía en el pelo o en los ojos o en el vello de Horacio. No sé porque, al fin y al cabo nos hemos querido bien. No sé por qué. Porque no sé pensar y él me desprecia, por esas cosas.
Estas equivocado, Oliveira si vive en los días de hoy y él te trajo hasta mi.
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